ESTUDIOS

SIGUIENDO SU PALABRA

 

MAYO

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LOS RASGOS DE UN VERDADERO LIDERAZGO CRISTIANO

Dios siempre ha llamado hombres tan diferentes para convertirlos en líderes efectivos. Tenemos el caso de Abraham en Ur de los Caldeos, a su hijo Jacob para formar una nación, a Moisés para liberar a su pueblo después de haber tenido una educación militar en Egipto, a José que fue vendido como esclavo en Egipto, a Daniel que fue llevado cautivo a Babilonia y Nehemías copero del rey en Persia.

En el caso de Nehemías, hay varias cosas que hay que tomar en cuenta, primero que era una persona que conocía bien a Dios, que leía su Palabra y que sus raíces hebreas no se habían perdido a pesar de haber nacido y crecido en un país muy diferente al de sus creencias y cultura, no se había contaminado, al igual que Daniel en Babilonia. Nehemías vivía una vida fiel, apartado para Dios.

 

Nehemías tuvo que trabajar por varios meses elaborando su proyecto, tuvo que haber hecho cálculos de todo lo que necesitaría para llevar a cabo la obra, de todo lo que era necesario para poder trasladarse hasta Israel. Así cuando se presentó la ocasión ante el rey, él ya estaba preparado.  Cuando nos llama Dios a liderar una obra tenemos que ponernos a planificar concienzudamente sobre todos los aspectos de la obra.

 

En esta exposición vamos a ver en la vida de Nehemías, los problemas a los que se enfrentó, y lo más importante, la forma en que actuó para llegar a su meta. En Nehemías «Consideraremos una persona de carácter» significa que tiene: a) fidelidad a sí mismo; b) firmeza en esa fidelidad; c) una sola dirección en la vida.

Nehemías había sido nombrado gobernador de aquella región por Artajerjes, el rey de Persia, el hombre más poderoso de su tiempo, él no se aprovechó de su situación; decidió rechazar la tentación de las riquezas a favor de la compasión por el pueblo. Negó beneficiarse de su posición porque fue generoso con los pobres y ayudó a corregir las injusticias. Cuando uno triunfa tres cosas acompañan el triunfo: poder, prestigio y privilegios.

Los grandes líderes tienen fuertes convicciones, la convicción es algo por lo que uno está dispuesto a morir. Nehemías creía que Dios lo había llamado a realizar aquel trabajo y no había nada que lo pudiera detener. Probaron hacerlo desistir con burlas, el desaliento, la difamación e incluso la amenaza. Nada pudo sacar a Nehemías de sus profundas convicciones. El basaba sus convicciones en:

1) un motivo impulsor.

2) Una perspectiva clara.

3) Una oración continúa.

4) Una intrépida perseverancia.

Al igual que Pablo él nunca se cansó de hacer el bien (Gálatas 6:9-10”No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe”.)

La capacidad de concentración es lo que ayudó a Nehemías a enfrentar distracciones. Lo prioritario es lo principal así como el apóstol Pablo lo señala en Filipenses 3:13”Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante”

 

Nehemías no se limitó solo a animar y a motivar al pueblo de Israel, también les expuso las Escrituras reprendiéndoles por su pecado e incluyéndose él. Mostraba su amor genuino y liderazgo al amonestar y reprender a los que violentaban la le de Dios, andando por malos caminos.

Una forma valiente de mostrarle amor al prójimo es señalándoles sus faltas con la finalidad de que retomen sus caminos. Nehemías no criticaba a sus espaldas, iba valientemente al instante y le reprendía a cualquiera.

“Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto. Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece. Proverbios” 27:5-6.

Veamos a la luz de la Palabra de Dios algunos aspectos importantes de lo que Nehemías utilizo como ingrediente  indispensable para un proyecto:

 

Carga, oración y disposición caracterizaron a Nehemías.

Cuando pensamos en todo lo que soportó Nehemías mientras perseguía sus metas, vemos que él era un hombre de valor. Dejó un trabajo seguro, tranquilo y bien pagado, en el momento más elevado de su carrera, para ir donde nunca había estado antes (Nehemías 2:1-5). Él sabía que la petición que hizo al rey podía ser una sentencia de muerte automática, si el rey la rechazaba. Valor no es la ausencia de temor, sino el seguir adelante a pesar del temor (Nehemías 4:14). Él tenía valor para hacer lo que Dios le había dicho que hiciera. El valor es característica de los grandes líderes (Nehemías 5:7-13).

 

En ese sentido Nehemías:

•Era un hombre que tenía en su mente y corazón las prioridades correctas. Se interesó por la situación del pueblo de Dios y de la ciudad santa. Cuando conoció el estado de los muros y la ciudad se identificó con la desgracia de su nación, se comprometió, sintió la carga de Dios y ayuno y oró al Señor (Nehemías 1: 2-4)

•Era un hombre que conocía a Dios, su Palabra y su obra. Vemos en la oración de Nehemías que conocía la historia del pueblo de Dios y la razón por la que se encontraban así. Se identificó como pecador necesitado de la gracia del Señor. Su oración era profunda, viva, real, intercesora y humilde (Nehemías 1: 5-11)

•Era un hombre que no se rendía fácilmente. Nehemías empezó a orar en Quisleu y vemos que la respuesta a su oración recién se pudo ver en el mes de Nisán, cuatro meses después (Nehemías 1:1, 2:1)

•Era un hombre de oración preparado y organizado. Cuando se le presentó la oportunidad de compartir el anhelo de su corazón él estaba preparado. Fue diligente en preparar un plan para poder reconstruir las murallas de tal manera que cuando el rey le consulto él sabía que necesitaba exactamente y en qué tiempo podría terminar tal trabajo (Nehemías 2: 4-8)

•Era un hombre prudente y sabio. Espero al tiempo correcto para poder manifestar la carga que había en su corazón al grupo de personas que lo acompañaban. Cuando lo hizo, no solo les informo del problema, sino que los motivo a que formaran parte de la solución, trabajando en equipo y dando testimonio de que Dios es quien obra (Nehemías 2: 16-18)

•Era un hombre con corazón de siervo y lleno de fe. Al levantarse la oposición de quienes no querían ver reconstruida a Jerusalén, Nehemías aclara que su motivación no es personal, sino la de servir al Señor y por eso tenía esperanza firme en que Dios prosperaría la obra de sus manos (Nehemías 2: 19-20)

Un hombre de carácter no se mueve por emociones sino por convicciones y ellas le mantienen firme en lo que cree y decide. Dios busca siervos que no sean emocionales sino maduros en el creer y obrar.

 

La estabilidad del carácter de Nehemías

Una marca de un hombre de carácter es la estabilidad: espiritual, emocional e intelectual. La estabilidad produce confianza y da estabilidad a los demás. Nehemías se mantuvo firme en sus convicciones aun en medio de la oposición, de los problemas y de las pruebas. No se distrajo ni se desvió de la meta que se había propuesto. Si lo vemos con detalle, nadie lo envió, nadie le mando, el sintió la carga y se entregó al Señor, dedicándose para su obra. No puso excusas, no pensó en imposibilidades, su corazón estaba dispuesto y el asumió la responsabilidad.

Nehemías tenía las marcas de un verdadero siervo de Dios

Muchos hombres se jactan de su “carga”, su “llamado” pero no permanecen en el tiempo o retroceden en medio de las circunstancias adversas porque no tienen un carácter formado y porque aun dependen de sus emociones y no se trata de una verdadera carga, sino de un interés pasajero en las cosas de Dios; sin embargo, vemos que el Señor busca hombres que permanezcan en su lugar (Ezequiel 22:30).

¿Cómo reconocemos un carácter estable? (Santiago 1: 2-3” Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”.)

•Cuando no toma revancha personal sino lo entrega en las manos de Dios. Nehemías no tomó venganza personal ni albergó en su corazón resentimiento de las críticas y murmuraciones de los enemigos, sino que lo dejó en las manos del Señor (Nehemías 4: 1-5, Filipenses 2: 14-15)

•Cuando pelea por lo que vale la pena. Ante la amenaza de los enemigos, Nehemías no rehusó pelear, sino se preparó y arengo a los demás a defender lo que Dios les había dado: era su ciudad, sus murallas, era el lugar que el Señor les había entregado, allí vivían sus familias y tenían que pelear para defender eso (Nehemías 4: 12-14)

•Cuando no permite la distracción sino que está enfocado. La amenaza de los enemigos no los paralizó: una vez pasado el peligro continuaron trabajando en lo que se les había encomendado. Nehemías preparó a sus colaboradores para que estén prestos a pelear pero sin dejar de construir para no distraerse ni paralizar la labor (Nehemías 4: 16-18)

•Cuando realiza un trabajo constante y apasionado. Nehemías y su equipo estaban comprometidos en el trabajo realizado, no aprovechaban su posición para desligarse del trabajo; todo lo contrario, estaban con el pueblo hombro a hombro trabajando de tal manera que ocupaban todo el día en ello; eso es servicio apasionado y constante.

Muchos hombres quieren autoridad pero sin asumir responsabilidad, quieren la victoria pero sin pagar el precio que demanda el éxito. Cuando crecen en autoridad no tienen problemas en sacrificar “labores menores” por causa de lo vistoso y “más importante”; pero la verdad es que el sustento del éxito según la Palabra de Dios es ser obediente a Dios, siendo fiel en lo poco para que Dios nos ponga sobre más. Fidelidad implica crecimiento y estabilidad, el que no es fiel en lo poco no lo será en lo más. El que no es constante en lo poco, no podrá soportar la presión de mayores cosas.

 

La integridad del carácter de Nehemías

Un carácter íntegro es una de las principales marcas de un hombre que puede ser usado por el Señor. Integridad es la coherencia entre lo que se dice o piensa y lo que se vive. No hay nada más debilitador para un hombre de Dios que con sus acciones derrumbe lo que dice con sus palabras. En ese sentido, Nehemías es un ejemplo de integridad por lo que nos narra la Palabra de Dios en el capítulo 5 de este libro.

•Prestaba atención a las necesidades del pueblo, usando su posición para servir no para servirse de los demás (Nehemías 5: 1-5)

•No se dejaba dominar por sus emociones, pues al ver la situación y aunque se molestó en gran manera, medito sus acciones y actuó luego, sin temor y con firmeza, reprendiendo a los oficiales que abusaban del pueblo (Nehemías 5: 6-7)

•Era ejemplo de lo que enseñaba y podía por ello influenciar a otros, siendo el mismo quien se preocupaba por el pueblo y habiéndose sacrificado por los demás aun a costa de sus propios bienes; así pues, pudo pedirles a los demás que se sacrifiquen también. Un líder no puede pedir a los demás lo que el mismo no está dispuesto a hacer (Nehemías 5: 8-11)

•Su motivación principal era el temor de Dios, no la usura ni el provecho personal. Pudo poner orden en medio del caos y la injusticia porque su motivación era la gloria de Dios y el bienestar de su pueblo (Nehemías 5: 14-15)

•Servía desinteresadamente y a los ojos de Dios, no para la publicidad personal. Compartía las bendiciones que Dios le había dado con los demás y trabajaba con ellos mano a mano en la obra de Dios; por ello podía influenciarlos y servirlos con autoridad y amor. Un verdadero líder antes de pedir la mano, toca el corazón de aquellos a quienes tiene que servir (Nehemías 5: 16-19)

El talento puede llevarte a lugares altos, pero solo el carácter te puede mantener allí

 

La prueba del carácter de Nehemías.

Todo siervo de Dios debe ser probado y el carácter una vez probado tiene el potencial de crecer y madurar. Decimos que tiene el potencial porque no todas las personas reaccionan correctamente, es más, muchos decaen en medio de la prueba y la dificultad y vuelven atrás; entonces en vez de fortalecer su carácter lo debilitan. Cada decisión que tomo me lleva un paso más adelante o un paso más atrás en el caminar de la vida cristiana y en el desarrollo de mi carácter conforme a la semejanza de Cristo. Veremos que Nehemías, en medio de la prueba de su carácter, pudo responder favorablemente y crecer en su liderazgo y mantenerse en el llamado de Dios para su vida. Pero Nehemías no podía hacerlo todo; nosotros tampoco, es por eso que es importante delegar en lo que sea posible, sabiendo que el delegado tiene la autoridad del que delega, así como la responsabilidad.

•Resistió la prueba de la distracción. Nehemías fue acosado hasta 4 veces por sus enemigos, quienes lo buscaban para que dejara la obra y fuera con ellos para reunirse. Él tenía claro la prioridad de su labor, el hacia “una gran obra” y por lo tanto no podía abandonarla. Persistieron en distraerlo, pero Nehemías persistió en mantenerse enfocado en su labor (Nehemías 6: 1-4)

•Resistió la prueba del temor. Nehemías fue acusado de planear una conspiración contra el rey. Era una acusación muy seria y el peligro era grande, sin embargo, Nehemías pudo discernir el engaño y no cedió ante la amenaza ni el cansancio. Ya eran 5 veces que lo venían amenazando y él pudo sostenerse por la oración (Nehemías 6: 5-9)

•Resistió la prueba del testimonio. Una vez más fue atacado Nehemías pero ya no desde fuera, sino desde uno de los mismos judíos, quien lo animaba a esconderse en el templo para así salvar su vida. La respuesta de Nehemías es memorable: ¿Un hombre como yo ha de huir? La pregunta es necia: ¿acaso un hombre de carácter, de convicciones ha de preferir esconderse y abandonar la obra de Dios? Jamás! ¿Acaso un hombre de carácter preferiría usar la casa de Dios para su beneficio personal en vez de enfrentar los desafíos confiando en el Señor? Jamás! Tal vez Semaias, el judío que intento amedrentar a Nehemías lo haría, tal vez todo Israel lo haría, pero Nehemías era un hombre de convicciones y él no iba a hacer eso. Él se dio cuenta de que era una trampa y que si hubiese accedido, no solo hubiera pecado de cobardía, sino que su testimonio y por ende el del Señor y su obra serian afectados.  Eclesiastés 4: 4 dice: “He visto asimismo que todo trabajo y  toda excelencia de obras  despierta la envidia del hombre contra su prójimo”.

Cada vez que Dios nos señala para hacer algo en su obra debemos entender que surgirán oposiciones y opositores; en el caso de Nehemías, tres hombres se levantaron contra la obra de edificación. Sanbalat, Tobías y Gesem, el árabe se opusieron fuertemente a la iniciativa de Nehemías.  Cuando hay una obra grande la oposición será grande. El apóstol Pablo señala y confirma esta realidad espiritual al manifestar en 1 Corintios 16:9: “Porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos son los adversarios”.

Hay cosas en la vida más importantes que la vida misma. El honor, el carácter, el testimonio son algunas de ellas porque un hombre no solo se representa a sí mismo sino al Señor como embajador de Cristo.

•Resistió la prueba del enfoque. Nehemías persistió y la obra se terminó en un tiempo record: 52 días. Los enemigos fueron humillados, las naciones temieron y el nombre de Dios recibió gloria. Y aunque muchos se habían aliado con los enemigos de tal manera que aun cerca de Nehemías tenia espías, aun a pesar de las amenazas, el permaneció enfocado en lo que se había determinado. Desde el primer día que recibió las noticias de la situación de Jerusalén, Nehemías se decidió a ser un siervo al que Dios pudiera usar y pudo terminar la labor encomendada.

 

Conclusión

Nehemías nos enseña mucho de cómo se debe de liderar una obra, no importando que tan grande sea. Nos enseña a llevar una vida de entrega a Dios y como liderar con  coraje, carácter, y perseverancia sin importar lo grandes y muchos que puedan ser los obstáculos y adversarios.

¿Eres de las personas que terminas lo que empiezas o te rindes a la primera dificultad? ¿Hay en tu corazón una carga por servir al Señor y permaneces en esa carga, orando, sirviendo, perseverando o solo es una emoción pasajera que te lleva a interesarte un poco pero rápidamente pierdes el interés y te dedicas a tus propios intereses? Examina tu corazón y evalúate frente al testimonio de la vida de Nehemías para que puedas tomar decisiones correctas y enfocarte en la obra a la que Dios el Señor te ha llamado. Y por último, es claro que si seguimos la estrategia de Nehemías, tendremos la victoria en nuestras manos, porque la victoria es de nuestro Dios: “El caballo se alista para el día de la batalla; mas Jehová es el que da la victoria” (Proverbios 21: 31). Su Hno. Desde el Cono Sur Josué Nayib.

 

MINISTERIO IGLESIA APOSTOLICA INTERNACIONAL.

MAYO 2015.

Cuéntanos que te pareció este estudio.

JOSUE NAYIB

APOSTOL

La Biblia habla sobre la Vejez

 

La ancianidad, para sociedades antiguas, ha sido objeto de veneración sin lugar a dudas. Ser anciano era sinónimo de ser sabio, por aquello de la sabiduría que proveen los años vividos, la experiencia, etc. Salmos 71:18, "Aun en la vejez y las canas, Oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, y tu potencia a todos los que han de venir".

Las canas, los cabellos blancos, implicaban salutación, respeto, reconocimiento y atención. El viejo era no sólo amado, sino muchas veces consultado como fuente de objetividad, de consejo divino, capaz de dirimir las cuestiones más difíciles que demandaran juicio... "En los ancianos está la ciencia, y en la larga edad la inteligencia." Job 12:12.

La Biblia habla de la posibilidad de tener una buena o exitosa vejez. No encontramos en la Biblia que la vejez sea una maldición. “Abraham vivió ciento setenta y cinco años, y murió en buena vejez, luego de haber vivido muchos años, y fue a reunirse con sus antepasados”. Génesis 25: 7-9.

La vida de Abraham es un ejemplo de una persona quien al caminar con Dios cultivó todos los elementos necesarios para envejecer con éxito.

Lo mismo lo encontramos en Rey David cuando la Biblia dice de él lo siguiente: “Y murió David en buena vejez, lleno de días, riquezas y gloria; y su hijo Salomón reinó en su lugar”. 1 Crónicas 29:28.

Pero las sociedades modernas, más cultas y más civilizadas han marginado a los viejos, sin importar ni siquiera cuál sea el consejo bíblico respecto de ellos... Ser viejo significa estar en la cuenta regresiva esperando el desenlace. Ser viejo significa estar fuera de juego... Ser viejo significa haber hecho ya la propia vida, y ahora sentarse sólo a ver cómo viven los otros, los jóvenes, los espléndidos, los que tenemos todavía un lugar en el mundo... Salmos 71:9”No me deseches en el tiempo de la vejez; no me desampares cuando mi fuerza se acabe”.

Lo cierto es que la sociedad en que vivimos no mata a los ancianos...Pero los deja morir, muchas veces... Proverbios 23:22 “Escucha a tu padre, que te engendró; y cuando tu madre envejezca, no la menosprecies”.

Se envejece desde el primer día de vida. Se envejece toda la vida. Toda la vida es una especie de capital de tiempo que se utiliza lentamente.  Hay que preparar en cada tiempo la etapa siguiente. Por ejemplo, la etapa profesional se prepara en la infancia, con los estudios. La etapa de la vejez debe prepararse durante el período profesional. La preparación de la vejez (de la jubilación), es vivir de tal manera que se prepare la vejez para ser una manifestación de alegría (un florecimiento) de la vida, un ensalzamiento y no en una pendiente.

La pregunta es, ¿qué papel debemos adoptar, como Iglesia del Señor, frente a este fenómeno? ¿Debemos seguir los dictados que el mundo nos impone, o debemos fijar las pautas bíblicas al respecto, y seguirlas fielmente?

Para comenzar, deberíamos encuadrar el fenómeno de la ancianidad de acuerdo con pautas bíblicas. Esto es, ¿cómo ve la Biblia a los ancianos? Veamos..Proverbios 20:29: "La gloria de los jóvenes es su fuerza, y la hermosura de los ancianos es su vejez."

Salmos 92:14: "(los justos...) Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes."

2ª Corintios 4:16: "Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día."

La vejez, según Dios, es vista como gloria, hermosura, honra, inteligencia, vigor, edad fructífera, vida interior renovada...Y... ¿qué decir del mandamiento bíblico para los jóvenes de honrar a los padres? ¿Caducará cuando ellos sean ya mayores? ¿Por qué merecerían nuestra honra, si Dios no los considerara diferente de lo que esta sociedad los considera? «Hasta vuestra ancianidad yo seré el mismo, os sostendré hasta vuestra vejez. Lo he hecho hasta aquí, os he llevado, y os sostendré, os salvaré» Isaías 46:4.- Según parece, la visión de Dios respecto de los ochentones no es, por cierto, la nuestra, y no es, desde luego, la que nos ha enseñado la postmodernidad, tan sabia y superada... Salmos 37:25 “Joven fui, y he envejecido,  Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan”.

¿Tercera edad o terrible edad? La expresión tercera edad es un término que hace referencia a la población de personas mayores o ancianas. En esta etapa el cuerpo se va deteriorando y, por consiguiente, es sinónimo de vejez y de ancianidad. Se trata de un grupo de la población que tiene 60 años de edad o más. Hoy en día, el término va dejando de utilizarse por los profesionales y es más utilizado el término personas mayores y adulto mayor.

Ahora bien, esta idílica visión del ser viejo debe enfrentarse con el aquí y ahora, debe vérselas con una realidad absolutamente contraria a ella:en verdad,el ser humano llegado a cierta edad ( y cada vez más temprano)debe afrontar varios fantasmas difíciles de digerir,y debe aprender a convivir con ellos. Llega el fin de su "vida útil". Para la economía, pasa a ser un "pasivo". Ya no produce. No genera riqueza, luego, no existe. No puede trabajar más, o no debe trabajar más. Se jubila. Necesariamente debe abandonar su carrera, su vocación, su estilo de vida, sus horarios, sus responsabilidades, aquello que hizo cada día de su vida durante años. Es hora de pantuflas y sillas mecedoras, no importa cuán vital uno se sienta. Pasa de ser protagonista a ser espectador. Pasa de vivir la vida y de hacer la vida, a ver la vida desde afuera... Y por esto mismo, comienza a tener apremios económicos, por lo menos en nuestras sociedades poco desarrolladas del tercer mundo. Y ya que ha sido obligado a abandonar su actividad natural, ahora deberá hacer cualquier cosa para ganarse un peso, si no quiere resignarse a pasar apreturas económicas. Así es que, al llegar a la madurez, la persona no sólo deberá abandonar lo que siempre le ha gustado, sino que además deberá aprender a hacer lo que nunca hubiera hecho...Y por mucha menos plata de la recomendable... Ya no podrá vivir como antes, ni disfrutar como antes, ni vestirse como antes, ni divertirse como antes, ni tener vacaciones como antes, ni atenderse médicamente como antes, justo ahora, que empiezan a aparecer todos los achaques...Y la tele sin cable, y la radio sin pilas, y la comida sin sal, y la casa fría por las cuentas de gas, y el auto en el garaje...Y...y...y...

Y los setentones, tienen temores y ansiedades de todo tipo: el cuerpo ya no responde, la platita no alcanza para los remedios, y quién se podrá hacer cargo de uno, y los afectos que van partiendo uno tras otro como las hojas caen del almanaque...

El tiempo sobra, y el anciano no sabe qué hacer con él. En esta nueva calidad de espectador que le han asignado no se siente cómodo, pero nadie le pregunta si está o no cómodo. No le han dado a elegir esta situación... No hay nada qué hacer con el tiempo: se duerme más de la cuenta, o a veces se padece de insomnio, con lo que el día y sus ansiedades se alargan más de lo recomendable.

La soledad se agiganta, (se casan los hijos, hacen su propia vida) y con ella, La depresión siempre lista para atraparlo...Nada que hacer, nada que esperar, nada que interese...Nada...

La existencia parece convertirse sólo en una espera. Espera del fin, espera de lo inevitable. Ya no hay proyectos, no hay motivaciones, no hay medios para lograrlos...Ya no se es importante...

Ahora bien, el panorama parece ser muy desalentador, quizás descripto con demasiado dramatismo. Y sin embargo, así es la realidad, matices más o menos, de cientos de personas de nuestra sociedad y de nuestras iglesias también, y no podemos permanecer ajenos...Porque terminaremos nuestra "segunda edad" algún día, o porque tenemos cerca, seguramente, algún mayor en la familia o en la iglesia.

¿Cómo hacer para que la tercera edad no se convierta en la terrible edad? ¿Cómo hacer para que la vejez no resulte ser la muerte a plazo fijo, adquirida en incómodas cuotas?

Ahora bien, encontrar estos propósitos hará que la vida siga siendo digna de vivirse. Porque encontrar una razón para vivir es encontrar la vida misma, es poder seguir el camino mirando hacia delante...

La opción que se nos plantea es vivir la edad madura como un almendro florecido, o como una higuera estéril: una higuera estéril ya no sirve. Sus ramas se secan, su hermosura se extingue, su razón de ser ya no existe. Ya no dará fruto, ni sombra, ni abrigo... Es arrancada, y quemada en el fuego...

El libro de Eclesiastés (cap. 12) compara a la vejez con un almendro florecido, por el color blanco de sus flores, como coronando una cabeza encanecida por los años. Y es verdad que se oscurecen los que miran por las ventanas (v.3: los ojos); y se van cerrando las puertas de afuera (v.4: los oídos); y cesan las mulas (v.3: los dientes), y crecen los temores (v.5), y se perderá la fortaleza de antaño (v.5), y la alegría de vivir disminuye (v.4)... Es el ciclo de la vida, y hay que aceptarlo y afrontarlo con paz...Depende de uno cómo decida vivirlo, y depende también de uno, cómo ayude a los demás a afrontarlo... Porque una higuera estéril ya no sirve de nada, pero un almendro florecido no sólo es bello, sino que anuncia que pronto volverá a dar fruto... ¿Y es posible? Es posible, porque mientras hay vida, hay esperanza.

Las personas ancianas deben ser tratadas con respeto. “No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre… a las ancianas, como a madres”. 1 Timoteo 5:1-2

Los ancianos deben ser valorados por su experiencia. “La gloria de los jóvenes es su fuerza, y la hermosura de los ancianos es su vejez”. Proverbios 20:29

Hay consejo para las personas de tercera edad. “Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia. Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”. Tito 2:2-5

Se debe honrar a las personas ancianas. Está en la Biblia, Levítico 19:32, "Delante de las canas te levantarás, y honrarás el rostro del anciano, y de tu Dios tendrás temor".

Las personas ancianas deben ser tratadas con respeto. Está en la Biblia, 1 Timoteo 5:1-2, "No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre. A las ancianas, como a madres".

Los ancianos deben ser valorados por su experiencia. Está en la Biblia, Proverbios 20:29, "La gloria de los jóvenes es su fuerza, y la hermosura de los ancianos es su vejez".

Los jóvenes pueden aprenden lecciones valiosas de los ancianos. Está en la Biblia, Hay consejo para las personas de tercera edad. Tito 2:2-5, "Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia. Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada".

Los ancianos NO son un estorbo, si los vemos desde el punto de vista de lo que fueron y han significado para cada uno, veremos a los fuertes, a los héroes, a los que nos cuidaban, que velaban por nosotros, a los que nos cargaban en sus brazos y nos consolaban en nuestras tristezas, miraremos al que trabajó para que tengamos nuestras cosas, miraremos al que se esforzó para cuidarnos a todos (padres o madres), miraremos al que nos defendía, pero que a la vez nos enseñaba o nos disciplinaba, al que o la que en su momento estuvo al lado nuestro de día y de noche, en las buenas y en las malas.  AHORA  es el tiempo de ellos, para que nosotros los cuidemos…

SINO cuidamos de nuestros ancianos, entonces los estamos maltratando.  El que sufran por negligencia es maltrato; el que sufran por desnutrición es maltrato; el que sufran por alejarlos de su entorno, eso es maltrato; el limitarles sus servicios, es maltrato; el gritarles, o tirarles las cosas, es maltrato; el no darles sus alimentos a tiempo y lo que necesita, es maltrato; Desplazar a las personas mayores de su posición como jefes del hogar y privarlas de su autonomía en nombre del afecto son normas culturales, aun en los países en los que la familia es la institución básica y el sentimiento de deber filial y es fuerte. Esa “infantilización” y sobreprotección pueden hacer que la persona mayor se sienta aislada, deprimida y desmoralizada y suele considerarse como una forma de maltrato. En algunas sociedades tradicionales, se abandona a las viudas ancianas y se les quita los bienes.  Eso también es maltrato.

Esto me hace recordar Gálatas 6:7 “No os engañéis: Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.  Cuando disponemos a través del amor, la gratitud, la admiración por nuestros padres, y ponemos el esfuerzo en cuidarlos, ayudarles, apoyarles, animarles, consolarles y levantarles el ánimo cuando están tristes por sus recuerdos o las difíciles situaciones que viven en la actualidad, entonces recibiremos del Señor la recompensa… ESTO también es parte de “Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien y tenga larga vida sobre la tierra”.  Efesios 6:1

No debemos de olvidar que El anciano, en el área física se enferma más, tiene que tomar varias cantidades de medicinas, como para la presión, la circulación, el azúcar, la artritis, la digestión, para dormir, etc.   El anciano en el área emocional, es más emotivo, llora más, se enoja más, rezonga más, pelea más, y se vuelve como un niño a quien es necesario mimar y contentar.   En el área espiritual… va a depender de su formación cristiana, en algunos casos tendrá más tiempo para orar, y hablar del Señor a las personas que lo visiten, en algunos otros casos, estará más rebelde a ir a la iglesia, o a ver la necesidad de orar o leer la Palabra…

En el área familiar…los ancianos necesitan estar más en contacto con la familia, especialmente la cercana, su casa, su familia son importantes para ellos… cuando a los ancianos se les aleja de su entorno, tienden a enfermarse más y por ende a deprimirse… Es importante en este caso, que la familia pueda ser orientada a ayudar a sus padres a terminar sus días en paz, contentos y en medio de sus seres queridos, considerando las necesidades que ahora ellos tienen… Un factor determinante para que el anciano esté tranquilo y contento es las decisiones sabias que tomen los hijos para el cuidado de ellos…

Es muy triste ver que en los países desarrollados  los padres, terminan sus días viviendo en asilo u hogares para ancianos, alejados de su casa (la que ellos edificaron o compraron en su momento), alejados de la familia, (tal vez la esposa, los hijos, los nietos, etc. que para ellos es muy duro de aceptar aunque no lo mencionen), alejados de la iglesia ( a donde asistieron por años y que a su vez dejaron un legado de vida cristiana), alejados de la comunidad en la que vivieron (incluyendo a sus amigos).

Al volver a recordar Gálatas 6:7 “No os engañéis: Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.  Me hace pensar que si yo no quiero que me ignoren en mi vejez, yo no lo debo ignorar tampoco  la vida de mis padres.  Si yo deseo que mis nietos o bisnietos me respeten y me amen… debo enseñar a mis hijos a que respeten y amen a sus abuelos…   Todo lo que el hombre sembrare… eso segará... Si siembro amor, cosecharé amor, si siembro respeto, cosecharé respeto; si siembro bondad, cosecharé bondad, sí siembro valor a la vida, eso también cosecharé.

Job 5:24-27  “Sabrás que hay paz en tu tienda;  Visitarás tu morada, y nada te faltará. Asimismo echarás de ver que tu descendencia es mucha,  Y tu prole como la hierba de la tierra. Vendrás en la vejez a la sepultura, Como la gavilla de trigo que se recoge a su tiempo. He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así;  Óyelo, y conócelo tú para tu provecho”.

Debemos aceptar que se llegará el momento en que tendremos que otorgarles a nuestros hijos la autoridad que antes tuvimos nosotros como padres, y si nosotros lo hicimos sin atropellar la dignidad de nuestros “viejos” si no los abandonamos, si no los dejamos en el último rincón de la casa, justo es que no lo hagan con nosotros.

Procura ponerte en su lugar para comprender las dificultades y pon el cuidado necesario para no herirlos ni hacerlos sentir inútiles. Explícate y diles que todo es para que vivan cómodamente, esto responde a la verdad y facilita su vida.

Piensa... algún día llegaras a ser viejo, y entonces lamentarás no haber sembrado en la flor de tu vida. Si tienes abuelos o parientes ancianos, no cierres tu corazón. Tiéndeles las dos manos para ayudarles y así estarás sembrando para tu propia vejez.

Aceptemos pues que nuestra época de plantar es aquí y ahora, pero tendrá su final inexorablemente, y el tiempo para cosechar lo que sembramos se acerca a pasos agigantados nos guste o no.

Aprendamos a envejecer con dignidad. ¿Y tú, como te sientes, estás preparada para envejecer sin miedo?

Ruego que nuestra conducta hacia nuestros ancianos sea tal que aparezcamos sin mancha ante Dios en aquel día. En el nombre de Jesucristo. Pastor Freddy Faundez. 22. Abril.2015

 

 

 

 

 

MINISTERIO IGLESIA APOSTOLICA INTERNACIONAL.

MAYO 2015.

 

Cuéntanos que te pareció este estudio.

 

 

FREDDY FAUNDEZ

PASTOR

“Los creyentes y la cremación”

  “Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Moab, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque quemó los huesos del rey de Edom hasta calcinarlos”. Amós 2:1

Introduccion:La cremación es la práctica de deshacer un cuerpo humano muerto, quemándolo, lo que frecuentemente tiene lugar en un sitio denominado crematorio, sin embargo la incineración es la combustión del cuerpo hasta su conversión en cenizas, creo que es más apropiado usar incineración, que cremación.

La Biblia dice en Génesis 3:19…pues polvo eres, y al polvo volverás. Esto quiere decir que todos los que muramos, de una forma u otra, nos convertiremos en polvo. El cuerpo humano tarda más o menos en convertirse en polvo dependiendo de la calcificación de los huesos, por eso para la recolección de los restos de un cadáver se da un plazo de 4 a 5 años, donde se espera que el cadáver esté totalmente convertido en polvo, sin embargo no es así y en muchos casos está casi toda sus estructura ósea. El cráneo y los huesos más grandes son los que tardan más en descomponerse, pero todo depende de lo expuesto que esté el cadáver a los agentes externos. La incineración acelera este proceso que es inevitable en la vida de todos los que mueren.

Los miembros de la Iglesia  de nuestros tiempos deben estar muy bien preparados, especialmente en las Sagradas Escrituras, deben conocer muy bien la Biblia, porque las costumbres, las enseñanzas en nuestras iglesias, los innumerables libros que se publican casi a diario cuyo mensaje es de sospechosa inspiración, hacen que el hombre de Dios, que tenga una congregación grande o pequeña, deba responder a una avalancha de interrogantes que muchas veces rayan en la misma hechicería. 1Pedro 3:15”sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones,  y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”

En estos últimos años se comenzó a practicar la cremación de los cuerpos.  Muchos alegan que ello abarata el sepelio y que al mismo tiempo evita el uso de grandes espacios en los cementerios en donde ya no hay más lugar.  Pero existe otro factor que tal vez ha pasado inadvertido para la gran mayoría, y que indudablemente ha contribuido sobremanera a la popularización de esta costumbre.  Por increíble que parezca, el occidente se ha vuelto a las supersticiones del hinduismo en busca de esperanza.  La religión que sólo ha servido para destruir a India, se ha infiltrado en todos los estratos de la sociedad occidental.  Afirmando que no es religión, sino ciencia, está transformando las mentes de los occidentales, la ciencia, la medicina, los medios de comunicación, la política y la iglesia. “Y sabréis que yo soy Jehová; porque no habéis andado en mis estatutos, ni habéis obedecido mis decretos, sino según las costumbres de las naciones que os rodean habéis hecho”. Ezequiel 11:12 Son numerosos los occidentales que se han integrado al hinduismo y comenzaron a seguir a gurúes de India como resultado de la simple iniciación en una clase de yoga.  El yoga es en muchos aspectos el corazón del hinduismo.  No hay hinduismo sin yoga y no hay yoga sin hinduismo.

* EL PAGANO QUEMA EL CADÁVER CREYENDO QUE SERÁ RE-ENCARNADO.

* ALGUNOS CREEN QUE QUEMANDO EL CUERPO EL ESPÍRITU ES LIBRADO.

* ALGUNOS QUEMAN EL CUERPO CREYENDO ASÍ NO PUEDE ANDAR DE DUENDE O APARECERCE A ALGUIEN.

* NO ES CRISTIANO QUEMAR EL CADÁVER.

Vemos entonces que el aumento en las cremaciones también se debe en parte a la infiltración de las religiones orientales en nuestro medio.

Sin embargo, hay cristianos que aunque ignoran las raíces ocultistas de esta costumbre, de ninguna manera se sienten tranquilos con tan drástica solución.  Por lo tanto, a continuación cotejaremos las Escrituras y averiguaremos si está bien o no la costumbre de la cremación del cuerpo.

 

Los que fueron quemados.

Pero, ¿qué quiere decir «cremación?»  Simplemente se refiere a la «práctica de quemar o incinerar los cadáveres».  Es más fácil sepultar las cenizas, esparcirlas por allí, arrojarlas al mar, que darle sepultura a todo un cuerpo.  En la Biblia se mencionan varios casos de personas que fueron quemadas, incineradas, pero cuando se entere de quiénes fueron, creo que no le gustará ser una de ellas.  Y dice la Escritura: “El que tomare mujer y a la madre de ella, comete vileza; quemarán con fuego a él y a ellas, para que no haya vileza entre vosotros” (Levíticos 20:14).

 Esta es la incineración colectiva de un hombre y dos mujeres, madre e hija.  Lo notable es que en los versículos anteriores y posteriores, se mencionan otros pecados cuyo castigo también era la pena capital, pero en esos otros casos, aunque se habla de la muerte, no se dice nada de quemar a los culpables, de incinerarlos.  Este es un caso de pecado extremo, algo que la Biblia llama “vileza”, por eso Dios ordena un castigo tan violento.  Eran tan despreciables, que no debían quedar ni siquiera sus cuerpos.

 

El otro caso de incineración mencionado en la Biblia es el del horripilante culto demoníaco, donde se ofrecían seres humanos a los demonios, especialmente bebés, quemándolos vivos. La Biblia se refiere frecuentemente a esa práctica cuando dice: “...pues aun a sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses…..” (Deuteronomio 12:31).

 Encontramos otro caso en el capítulo 7 de Josué donde dice: “Y el que fuere sorprendido en el anatema, será quemado, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto de Jehová, y ha cometido maldad en Israel...  Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos” (Josué 7:15, 25).  Esto ocurrió con Acán y su familia.  Es muy llamativa la descripción de que fueron apedreados y luego quemados después de muertos, no porque la familia fuese pobre y no dispusiera de lo necesario para que se les diera sepultura, sino porque en la Biblia la incineración del cuerpo es una muestra de desprecio total hacia la persona por haber cometido un acto de extrema maldad. Pero... ¿Qué cosa tan mala había cometido Acán?  Había codiciado, guardado, ocultado y provocado 36 bajas innecesarias entre el pueblo de Israel que pudieron haberse evitado: “Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua” (Josue 7:5).  En el caso de Acán, fueron quemados él, su familia y sus posesiones.  Esta familia murió por haber sido condenada a muerte.  La incineración cabe perfectamente en el molde de una persona condenada a la pena capital.

Otro ejemplo lo tenemos en el triste caso del rey Saúl, un individuo que teniendo todas las oportunidades de vivir para Dios se vendió al enemigo.  Cuando él y sus hijos cayeron muertos habiéndose suicidado en una triste y vergonzosa derrota frente a los filisteos, sus cuerpos fueron quemados.  No olvidemos que la incineración recayó sobre una persona que se hizo despreciable a Dios y a los hombres y quien se entregó enteramente a Satanás, siendo dominado por los demonios de una manera total.

Así que la incineración realmente corresponde a los condenados a la pena capital o bien a los suicidas.  Es verdaderamente triste lo que el escritor sagrado dice de Saúl y su final: “….Mas oyendo los de Jabes de Galaad esto que los filisteos hicieron a Saúl, todos los hombres valientes se levantaron, y anduvieron toda aquella noche, y quitaron el cuerpo de Saúl y los cuerpos de sus hijos del muro de Bet-sán; y viniendo a Jabes, los quemaron allí….” (1 Samuel 31:11, 12).

 Para quienes alegan que la Biblia no prohíbe explícitamente la incineración, porque esta práctica apareció desde los días anteriores a Josué, o que el cuerpo presente una vez muerto no tiene valor alguno, o que la sepultura es muy costosa, me parece que los ejemplos bíblicos presentados aquí, son suficientes para llevarlos a una conclusión más definida.  No todas las prácticas económicas y cómodas deben ser aceptadas por los cristianos, sino aquellas que la Biblia no condena y que están en perfecta concordancia con sus enseñanzas.  Aquellos que dejan estipulado en su testamento que su cuerpo sea incinerado, o bien son incrédulos o cristianos resentidos, fracasados, dolidos y hasta ofendidos con Dios.  Estas personas, de manera consciente o inconsciente, aunque en la mayoría de los casos en forma inconsciente, piensan que Dios no ha sido justo con ellos por haberles enviado la enfermedad o pobreza que arruinó sus vidas, la que tal vez ellos mismos malgastaron en buena parte.

 En fin, es como quedar uno a uno con Dios.  Es como decirle: «Tú me diste esa enfermedad y yo tomaré represalia, no quiero ni siquiera el cuerpo que me diste».  La incineración es la actitud violenta de una persona contra algo que es propiedad de Dios, para destruirla.  En el fondo el pecador piensa que Dios es el único culpable de toda su desdicha, a menos que acuda a Cristo arrepentido de sus pecados, sea regenerado y viva una vida cristiana de auténtica madurez.

 La cuestión de la cremación no es tan sencilla como parece, aunque a primera vista luzca como algo completamente correcto al considerar que cada persona tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo.  Si el cuerpo nos perteneciera, podríamos hacer lo que quisiéramos con él, pero no nos pertenece, porque es una vivienda que Dios nos ha prestado.  La Biblia habla mucho de la sepultura, pero no menciona para nada la cremación del cuerpo, excepto cuando éste NO ES TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO.

 Cuando Dios habló de la muerte física del hombre dijo: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:19).  Dios no dice que el hombre es polvo y a ceniza volverá, sino que la implicación aquí es que el cuerpo se irá descomponiendo hasta tornarse en su elemento original, en polvo.  Una de las funciones del fuego es quemar lo que no sirve, pero no podemos decir esto del cuerpo que Dios nos ha dado por la sencilla razón de que Dios nunca ha hecho algo que no sirva.  La rebelión de nuestros primeros padres no tomó al Creador por sorpresa, él sabía de antemano lo que iba a ocurrir y desde un principio diseñó sus cuerpos para que sirvieran de morada a su Espíritu Santo.

Muchos argumentan que el cuerpo presente, una vez que su habitante lo abandona, no tiene valor alguno.  Me basta un solo argumento para echar abajo esta hipótesis y es la resurrección.  Si hubo un cuerpo que sin duda no valía nada más que el total desprecio, fue el de Job cubierto de sarna maligna, dolorosa y horripilante.  Sin embargo, veamos lo que dice Job de su cuerpo: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí” (Job 19:25-27).

Nuestro cuerpo no es para ser quemado, sino para ser resucitado.  No puede estar en la categoría de algo que no vale nada porque es nuestra habitación y la morada del Espíritu de Dios el día de nuestra regeneración.  Cuando colocamos el cuerpo en un ataúd y luego lo depositamos en una fosa que llamamos «sepultura», estamos colocando la semilla bajo tierra para que luego germine en la resurrección de los justos, transformado en un cuerpo nuevo maravilloso que Dios nos dará a cambio del presente.  Pablo lo explica así con gran elocuencia: “….Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos?  ¿Con qué cuerpo vendrán?  Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes... Así también es la resurrección de los muertos.  Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción.  Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder….” (1 Corintios 15:35, 36, 42, 43).

No quiero decir con esto que Dios no podrá levantar a los muertos cuyos cuerpos fueron quemados, porque él es todopoderoso.  Pero la enseñanza bíblica es que el cuerpo del cristiano, una vez muerto, debe ser puesto en una tumba con tanto cuidado y esmero como siembra el agricultor la semilla que desea que germine y dé fruto abundante.  Ningún hombre puede ser juez de su propio cuerpo, él no lo hizo, es hechura de Dios.  No tenemos el derecho de alegar que «nuestro cuerpo no sirve para nada».  Detrás de cada cuerpo está su hacedor, Dios mismo.  No podemos postularnos como jueces para juzgar la obra de Dios.  Nuestro cuerpo es corona de la creación de Dios.

Es tan importante nuestro cuerpo que Pablo dice: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10).  Evidentemente nuestro cuerpo tiene una función más después de la muerte, después que lo hayamos abandonado.  No quiero decir que resucitaremos exactamente en el mismo cuerpo, sino que Dios todavía hará referencia a él, tal como si lo tuviéramos ante su presencia.

En este cuerpo hemos habitado durante todo el tiempo de nuestra peregrinación, en él hemos amado y odiado, trabajado y en ocasiones hasta holgazaneado, sufrido y disfrutado, reído y llorado, nos hemos deprimido y hemos encontrado fortaleza, hemos ayudado y consolado. No podemos decidir cuánto vale nuestro cuerpo, esto le corresponde a Dios.  Son de tanto valor nuestros cuerpos que dice el Señor Jesucristo: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:28, 29).

Otro argumento más en pro de la incineración, es que un entierro resulta muy costoso, y parece tan correcto y hasta cristiano que un hijo de Dios se preocupe por los que quedan para darle sepultura.  Una de las personas que realmente no se había preparado para la sepultura y que murió demasiado joven fue Jesús.  Él no poseía ni un centavo en ningún banco, no tenía propiedad alguna, no contaba con algo que pudiera venderse para obtener lo necesario a fin de darle sepultura.  Sin embargo, la Biblia dice que no solamente fue sepultado, sino que fue enterrado como sólo lo eran los reyes y hombres prominentes: “Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte...” (Isaías 53:9).  “Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió.  Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús.  También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras.  Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos.  Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno.  Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús” (Juan 19:38-42).

 Como podemos notar, Jesús no tenía riquezas, ni se le ocurrió jamás dejar un testamento para que incineraran su cuerpo al morir.  Y si de capacidad económica se habla, permítame citarle lo que yo llamo la “declaración de bienes del Señor”: “Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado.  Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.  Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” (Mateo 8:18-20).

 Si hubo en el mundo una persona pobre, ese era Jesús, no tenía absolutamente nada, excepto a Dios a su lado.  Sin embargo, a su muerte, el Señor puso en el corazón de gente buena y compasiva, el deseo de hacer lo mejor para que su cuerpo recibiera digna sepultura.  Sin que el Señor Jesucristo se hubiera preocupado jamás por su sepultura, su cuerpo fue colocado en una tumba completamente nueva, como si se tratara de un hombre rico, ¡y hasta se encontraba en un huerto!

Pero alguien dirá: «¡Claro, claro, se trataba del propio Señor Jesucristo, el Mesías, el salvador del mundo!»  Pero... ¿Acaso Jesús no fue despreciado, burlado, ridiculizado, rechazado y luego muerto?  Aunque murió por nuestros pecados no habiendo pecado jamás, fue considerado como un criminal más.  Cuando un cristiano muere sin bienes de fortuna y necesita sepultura, Dios siempre tiene preparado a un José o a un Nicodemo para que hagan el trabajo correspondiente sepultando su cuerpo.

 Es notable que cuando una persona pobre muere y se hace un llamado por ayuda a través de la radio o la televisión, inmediatamente hay respuesta.  El argumento de que un entierro es muy caro no tiene base.  Nunca debemos preocuparnos demasiado por no ser carga a la hora de la sepultura, aunque siempre es prudente y hasta cristiano que uno tome las precauciones para este viaje sin par, cuando por única y última vez abandonamos la morada y partimos para la eternidad.

 

Porque no a la incineración.

 La Biblia dice que nuestro cuerpo es obra de Dios.  Usted puede ser blanco o de color, alto o bajo, puede tener ojos celestes, verdes, pardos o negros, sin embargo es creación divina: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gn. 2:7).  Nuestro cuerpo es una verdadera maravilla.  Es la pieza maestra de la creación divina y fue hecho como “tabernáculo” para que habitáramos en él, mientras Dios así lo quiera.

 Dios nos lo dio para su servicio.  Nuestro cuerpo es uno de los medios dados por Dios para usarlo en su gloria y servicio: “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo...?” (1 Co. 6:15).  “...Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo” (1 Co. 6:13).  “...Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Co. 6:20).

 El cristiano que realmente sirve a Dios tiene muchas memorias gratas de su cuerpo.  El hombre y la mujer cristianos saben que su cuerpo es para el servicio del Señor.  La Biblia no dice que nuestro cuerpo es descartable, sino que al cesar en sus funciones debe ser tratado como una semilla, no como la paja.  La paja es para el fuego y la semilla para ser guardada en el granero, en el alfolí, y luego ser depositada bajo tierra a fin de que germine y se multiplique.  Así también ocurrirá con nuestro cuerpo.  Su belleza, apariencia y resistencia se aumentarán cuando recibamos un cuerpo glorificado y eterno.

 Los hombres y mujeres de Dios fueron sepultados.  A medida que leemos la Biblia vemos aparecer figuras muy prominentes en las filas de los patriarcas, jueces, profetas, apóstoles y otros.  Basta recordar a personas como Abraham, Sara, Moisés, Jacob, Isaac, Raquel, José, etc.  Muchos de ellos no sólo fueron sepultados dignamente, sino que también fueron embalsamados.  Algunos hasta dieron instrucciones detalladas respecto al lugar en donde debían sepultar su cuerpo, cómo sepultarlo, y otros detalles.

Veamos algunos ejemplos: “Fue la vida de Sara ciento veintisiete años; tantos fueron los años de la vida de Sara.  Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán; y vino Abraham a hacer duelo por Sara, y a llorarla.  Y se levantó Abraham de delante de su muerta, y habló a los hijos de Het, diciendo: Extranjero y forastero soy entre vosotros; dadme propiedad para sepultura entre vosotros, y sepultaré a mi muerta de delante de mí” (Gn. 23:1-4).  Los versículos 15 y 16 del capítulo 23 de Génesis nos dicen que Abraham compró un terreno por valor de cuatrocientos siclos de plata, de un tal Efrón hijo de Zohar, donde finalmente sepultó a su esposa Sara.  Prácticamente todo el capítulo 23 de Génesis trata del asunto de la muerte y sepultura de Sara, la esposa de Abraham.  Abraham no estaba preocupado por su bolsita de cenizas, sino por darle digna sepultura al cuerpo de esta mujer santa.

De Raquel se dice: “Así murió Raquel, y fue sepultada en el camino a Efrata, la cual es Belén.  Y levantó Jacob un pilar sobre su sepultura; esta es la señal de la sepultura de Raquel hasta hoy” (Gn. 35:19, 20).

De Isaac dice la Biblia: “Y fueron los días de Isaac ciento ochenta años.  Y exhaló Isaac el espíritu, y murió, y fue recogido a su pueblo, viejo y lleno de días; y lo sepultaron Esaú y Jacob sus hijos” (Gn. 35:28, 29).  En este caso no sólo se destaca la sepultura de Isaac, sino también que sus dos hijos, Esaú y Jacob, quienes en otra época fueran enemigos a muerte, se ocuparon del asunto con gran esmero.

Y leemos sobre Jacob: “Les mandó luego, y les dijo: Yo voy a ser reunido con mi pueblo.  Sepultadme con mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el heteo, en la cueva que está en el campo de Macpela, al oriente de Mamre en la tierra de Canaán, la cual compró Abraham con el mismo campo de Efrón el heteo, para heredad de sepultura.  Allí sepultaron a Abraham y a Sara su mujer; allí sepultaron a Isaac y a Rebeca su mujer; allí también sepulté yo a Lea...  Y cuando acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió sus pies en la cama, y expiró, y fue reunido con sus padres” (Gn. 49:29-31, 33).  ¿Puede usted imaginarse a los hijos de Jacob, metiendo su viejo cuerpo en un horno para luego incinerarlo?

 Y sigue diciendo la Escritura: “Entonces se echó José sobre el rostro de su padre, y lloró sobre él, y lo besó.  Y mandó José a sus siervos los médicos que embalsamasen a su padre; y los médicos embalsamaron a Israel.  Y le cumplieron cuarenta días, porque así cumplían los días de los embalsamados, y lo lloraron los egipcios sesenta días...  Entonces José subió para sepultar a su padre; y subieron con él todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa, y todos los ancianos de la tierra de Egipto, y toda la casa de José, y sus hermanos, y la casa de su padre...  Subieron también con él carros y gente de a caballo, y se hizo un escuadrón muy grande.  Y llegaron hasta la era de Atad, que está al otro lado del Jordán, y endecharon allí con grande y muy triste lamentación; y José hizo a su padre duelo por siete días.  Y viendo los moradores de la tierra, los cananeos, el llanto en la era de Atad, dijeron: Llanto grande es este de los egipcios...  Hicieron, pues, sus hijos con él según les había mandado; pues lo llevaron sus hijos a la tierra de Canaán, y lo sepultaron en la cueva del campo de Macpela...” (Gn. 50:1-3, 7-13).

 Muchas veces se menciona que este fue un evento especial, porque fue la triste tarea de sepultar los restos de este gran hombre llamado Jacob.  Hubiera sido más fácil llevar sus cenizas a Canaán, pero ni a Jacob ni a sus hijos jamás se les cruzó siquiera la idea de tal posibilidad.  Esta sepultura de paso era un vínculo de amor entre sus hijos y un testimonio elocuente para Canaán, aunque ellos no sabían que no era un duelo egipcio, sino de Israel.

 Cualquier persona que haya concurrido alguna vez a un sepelio verdaderamente cristiano, sabe cuán importante es el cuerpo presente y la asistencia de todos los hermanos para acompañar a los familiares de la persona que acaba de partir.  Familiares, amigos y hermanos en la fe tienen la oportunidad de mostrar por última vez su aprecio y respeto, no a una bolsita con cenizas, sino a un cuerpo entero cargado de recuerdos y vivencias.

 Al seguir examinando la Escritura, encontramos que José, otro gigante de la fe, también fue sepultado: “Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto” (Gn. 50:26).  Luego dice en Éxodo 13:19: “Tomó también consigo Moisés los huesos de José…”, al salir con el pueblo de Israel de Egipto, de acuerdo con el juramento que le hicieron antes de su muerte, de que al sacarlos Dios de Egipto su cuerpo no quedaría allí.

 Todos estos casos son claros testimonios para nosotros.  Tenemos la oportunidad de examinar, no solamente la vida y conducta de cada uno de estos personajes bíblicos, sino también su muerte: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos” (Salmos 116:15).  Dice en Lucas 16, que cuando ese mendigo (que representa al hombre temeroso de Dios) murió “…fue llevado por los ángeles al seno de Abraham…” (Lucas 16: 22).  En Hebreos 1:14, hablando de los ángeles, la Biblia dice: “¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?”

 Pero... ¿Por qué se da tanta importancia a la sepultura cuidadosa y adecuada del cuerpo de los que han sido fieles a Dios?  ¿Por qué ninguno de los grandes hombres y mujeres de Dios fueron incinerados?  Lázaro, de quien se dice que era amigo de Jesús, al morir no fue incinerado, sino sepultado.  Fue por eso que cuando Jesús llegó cuatro días después de su muerte, Marta su hermana, le dijo que su cuerpo ya estaba descomponiéndose.  Por supuesto que si hubieran sepultado una bolsita con cenizas, no habría existido ese temor de descomposición, y sin duda tampoco se habría materializado esa gran resurrección, no porque el Señor Jesucristo no tuviera poder para hacerlo, sino porque nunca se incineraba el cuerpo de un santo.

Cuando Jesús murió, la tierra tembló y muchos sepulcros se abrieron, al punto que la Biblia dice: “Y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos” (Mateo 27:52, 53).  La Escritura enfatiza que se abrieron los sepulcros, no las botellas o bolsitas con cenizas.  ¿Por qué?  Porque los sepulcros que se abrieron en esa ocasión contenían “cuerpos de santos”, que es lo mismo que decir cuerpos de salvos.

De Moisés se dice: “Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová.  Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy” (Deuteronomio 34:5, 6).  Como no hubo quien sepultara el cuerpo de Moisés, dice la Biblia que Dios mismo se encargó de este trabajo, no tuvieron que incinerarlo.  El fuego es siempre un elemento de destrucción.  Dios lo usó muchas veces para destruir a los impíos.  Sodoma y Gomorra fueron acabadas por el fuego.  Según el capítulo 3 de la segunda epístola de Pedro, el mundo presente será destruido por el fuego.  El infierno es fuego que nunca se apaga y allí irán a parar todos los impíos.  Por eso dice la Biblia: “A algunos que dudan, convencedlos.  A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne” (Judas 22, 23).

El fuego siempre ha sido un elemento de juicio divino.  Satanás, el Anticristo y el falso profeta, serán echados al lago de fuego.  Los paganos ofrecían a sus hijos, “haciéndolos pasar por fuego”.  El fuego es un elemento de destrucción violenta y dolorosa.  Por eso dice en 1 Corintios 3:15, que algunos se salvarán “…aunque así como por fuego”.

“En la Biblia, el fuego es símbolo de destrucción completa y sin remedio. La condenación merecida por el pecado. En el sacrificio, el animal ofrecido se le consideraba como sobrellevando los pecados de la persona y bajo condenación, por consiguiente era consumido sobre el altar.” La muestra de la desaprobación divina era ilustrada por una palabra: ANATEMA, que significa literalmente: Condenado al Fuego y el lugar que prefiguraba la condenación eterna era ese valle en donde se quemaban los desperdicios y cuyo fuego era siempre mantenido vivo. El valle de la Gehenna.

Conclusión

Los cristianos jamás deben considerar la cremación del cuerpo como algo normal.

 Deben ser los primeros en ofrecer sepultura cristiana.

 Deben recordar que el hombre en su condición tripartita: “…espíritu, alma y cuerpo…” (1 Ts. 5:23), es la corona de la creación de Dios.

 Deben tener bien presente que los casos principales de cuerpos incinerados, pertenecían a hombres y mujeres apartados de Dios e involucrados hasta con el mismo Satanás.

 Los cristianos jamás deberían dejar testamento o instrucciones a sus familiares de que sus cuerpos sean incinerados.

 Deben recordar que sus cuerpos son moradas del Espíritu Santo.

 Deben entregar su cuerpo al Señor al igual que su alma y espíritu.

 Deben recordar que si bien el cuerpo presente no es más que un tabernáculo, una tienda temporal, es diseño divino, no humano.

 El cuerpo muerto del cristiano debe ser un elemento de reflexión a la hora del velorio.

 Finalmente, deben recordar que un día ellos volverán para retomar sus cuerpos ya transformados. La fe bíblica es una fe que da valor al espíritu, pero también al cuerpo. El cuerpo es en realidad una parte del hombre tan eterna como puede ser su espíritu, y la resurrección del cuerpo es una parte indispensable de su salvación. La victoria de nuestro Señor Jesucristo no estará completa hasta que los muertos sean resucitados sin corrupción. (Sal.110:1; I Cor. 15:25-26).

Tanto la perspectiva del pueblo judío como la del cristianismo posterior, fue conservando la práctica de la sepultación, mostrando con ella que se tenía una fe cierta en la resurrección de los que “durmieron en Cristo”

(I Tes.4:13-15). De aquí que la palabra para designar el lugar de entierro, cambió con el Cristianismo de “Necrópolis” (Ciudad de los muertos) a Cementerio (Dormitorio). Su hno. Josué Nayib. MAYO 2015

 

 

 

 

MINISTERIO IGLESIA APOSTOLICA INTERNACIONAL.

MAYO 2015.

 

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JOSUE NAYIB

APOSTOL

“El camino de la exaltación es la humillación”

 “Y habló Dios a Israel en visiones de noche, y dijo: Jacob, Jacob. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación. Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré volver; y la mano de José cerrará tus ojos”. Gen.46:2-4

Cuál es el significado de la palabra descender?  Pasar de un lugar más alto  a otro que está más bajo

Cuando miramos en las Escrituras nos encontramos con infinidad de sombras y figuras que expresan en un lenguaje claro y maravilloso muchas de las experiencias que tal vez estamos viviendo hoy. Pasajes que han venido a suceder hace 2000, 3000 o más años relatan en muchas oportunidades situaciones tan actuales que en verdad uno debe reconocer que esto es "dedo de Dios". Veamos pues en la figura de Naamán el Sirio el transcurso de nuestra carrera de bendiciones, teniendo como mensaje central que el camino de la exaltación es la humillación.

 

2 Reyes 5:9-14: "Vino, pues, Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a la entrada de la casa de Eliseo. Y Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate en el Jordán siete veces, y tu carne se te restaurará, y quedarás limpio. Pero Naamán se enojó, y se iba diciendo: He aquí, yo pensé: "Seguramente él vendrá a mí, y se detendrá e invocará el nombre del Señor su Dios, moverá su mano sobre la parte enferma y curará la lepra." No son el Abaná y el Farfar, ríos de Damasco, mejor que todas las aguas de Israel? No pudiera yo lavarme en ellos y ser limpio? Y dio la vuelta, y se fue enfurecido. Pero sus siervos se le acercaron y le hablaron, diciendo: Padre mío, si el profera te hubiera dicho que hicieras alguna gran cosa, no la hubieras hecho? Cuánto más cuando te dice: "Lávate y quedarás limpio"! Entonces él descendió y se sumergió siete veces en el Jordán conforme a la palabra del hombre de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño pequeño, y quedó limpio."

 

En el recorrido del ministerio pastoral uno se encuentra con esta clase de creyentes, notemos que en 2 Reyes 5:1 Naamán hombre valiente había sido utilizado por el Señor, sólo que era leproso; pero estos son los creyentes que van detrás de las sobre naturalidades, ellos van detrás de los milagros, y se vuelven "señaleros", están pendientes de que el ministro les revuelva la cabeza, lo aviente, le demuestre un poco de artificio. Me impacta mucho la respuesta de Naamán porque su gran problema, en parte, era descender al río Jordán habiendo ríos mejores. "Mis pensamientos no son los tuyos" dice el Señor, y muchas veces pensamos que debiéramos hacer algo mejor; pero a Dios le gustan las cosas sencillas, pues en definitiva, a Él le agrada la obediencia más que los sacrificios. Naamán pensó que era igual un río que otro, y propone dos ríos que en su opinión eran más apropiados: Abaná y Farfar.

Abaná: Perdurable, constante, eterno, para siempre.

Farfar: Veloz, rápido.

Es maravilloso cómo la Palabra nos habla tan claramente, puesto que hoy después de tantos centenares de años siguen existiendo creyentes en Dios que quieren ver su obra, que desean un milagro pero para ellos debe ser algo rápido y duradero; pero lamentablemente para muchos, el Señor no siempre obra como a nosotros nos parece que debiera obrar, y esto, si somos consientes de su SEÑORÍO lo debemos aceptar con mansedumbre. En la era de la sopa instantánea, del café instantáneo, también se está buscando por las góndolas dónde es que se encuentra el dios instantáneo....

 

1) Descender para ser salvo (Lucas 19:1-10)

Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad. Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico, procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí. Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa. Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

2) Descender para ser sano (Juan 5:1-4)

Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.

3) Descender para cambiar la forma de caminar (Mateo 14:22-33)

En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio de la mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.

 

4) Descender para ser usado por Dios [predicación] (Hechos 10:17-22)

Y mientras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había visto, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta. Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón que tenía por sobrenombre Pedro. Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan. Levántate, pues, y desciende y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado. Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres que fueron enviados por Cornelio, les dijo: He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis venido? Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus palabras.

 

5) Descender para profetizar (Hechos 11:27-30 y 21:10-11)

En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.

Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo, quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles.

 

6) Descender para levantar a los dormidos (para encender avivamientos) (Hechos 20:7-12)

El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche. Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos; y un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, por cuanto Pablo disertaba largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto. Entonces descendió Pablo y se echó sobre él, y abrazándole, dijo: No os alarméis, pues está vivo. Después de haber subido, y partido el pan y comido, habló largamente hasta el alba; y así salió. Y llevaron al joven vivo, y fueron grandemente consolados.

 

7) Descender para tener visiones y socorrer a los necesitados (Hechos 16:6-10)

Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió. Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas. Y se le mostró a Pablo una visión de noche: un varón macedonio estaba en pie, rogándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. Cuando vio la visión, en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.

 

Conclusión: 1 Pedro 5:6, 7: "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte a su debido tiempo, echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros."

Pastor Emanuel Espiño.

 

 

 

 

 

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MAYO 2015.

 

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EMANUEL ESPIÑO

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